domingo, 14 de marzo de 2010

mi sombra juguetona...

Es curiosa la facilidad con que me suelo obsesionar de las cosas (si, ahora pienso escribir sobre mi, y no sobre una compañia inexistente). Es tenebrosa la manera en que algo que parecia un inofensivo capricho da media vuelta y nos (me) sorprende (o ya lo esperaba?), lleno de un instinto homicida, sigiloso y contundente con una daga (un martillo, una piedra, o la mano limpia, pero no un arma de fuego).
Y que patética aquella persona (mi persona) que sin cuidado ni humanidad alguna enajena su corazón a aquella sombra criminal que lo acecha (o acecho) desde los oscuros rincones de unos días de verano (en invierno).
Hundire tu fría daga en mi pecho; escondere mi cabeza bajo el peso de tu masivo martillo; será mi sangre el color de tu pieda. Hay tu mano tomara lo que queda de mi corazón, solo para ver aquel brillo detras de tus ojos, mi juguetona sombra.
Tira de aquella voluntad, hala de estos hilos, que estoy (y estare) colgando de ti. Arrastrame, te suplico, por tus suelos, y deja que tu indiferencia me muestre el camino por el que vas, que tus ojos nublados no te dejan ver.
¿Acaso escuche: "arrastrar me duele"?

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